El misterio del Mary Celeste

Uno de los casos más célebres en la historia de las desapariciones en el mar es, sin duda alguna, el del bergantín estadounidense Mary Celeste, un barco de treinta y un metros de eslora por 7,6 m de manga y 282 toneladas de peso, propiedad de J. H. Winchester & Co. del consorcio de armadores de Nueva York. El barco fue encontrado a la deriva en 1872 sin nadie a bordo.

Benjamin Spooner Briggs, capitán del Mary CelesteSus tripulantes eran: el capitán Benjamin S. Briggs, estadounidense de 37 años; su esposa Sarah Elizabeth, de 30; su hija de dos años Sophia Matilda; dos oficiales, Albert G. Richardson (estadounidense, 28 años) y Andrew Gilling (danés, 25); el cocinero y camarero Edward William Head (estadounidense, 23 años); y cuatro marineros de origen alemán: Volkert y Boy Lorenzen, de 29 y 23 años respectivamente, Arian Martens (de 35) y Gottlieb Goudeschaal (de 23 años). En total, diez personas que desaparecerían del Mary Celeste en medio del Atlántico.

Sarah Elizabeth, esposa del capitán Briggs, y su hija Sophia Matilda BriggsEl Mary Celeste estuvo varias semanas en el muelle 44 del puerto de Nueva York, amarrado junto al bergantín canadiense Dei Gratia. Las tripulaciones de ambos barcos se conocían y los dos esperaban zarpar rumbo a Europa en cuanto el parte meteorológico fuera favorable. El Mary Celeste partió de la bahía de Staten Island el 7 de noviembre de 1872 con buen tiempo. Transportaba 1.701 barriles de alcohol desnaturalizado propiedad de la compañía Meissner Ackermann & Co. Tenía que llevar su carga hasta H. Mascerenhas & Co. en Génova, Italia. El Dei Gratia, con sus bodegas cargadas de queroseno, soltó amarras ocho días después rumbo a Gibraltar, al mando del capitán David Reed Morehouse.

El barco que navegaba solo
Mapa que muestra las respectivas rutas del Dei Gratia y del Mary Celeste durante noviembre y diciembre de 1872Se desconoce la ruta que debió seguir el Mary Celeste, pues tras adentrarse en el mar se perdió todo contacto con él. Hacia el mediodía del 5 de diciembre de 1872, el vigía del Dei Gratia, John Johnson, vio aparecer por estribor, y con rumbo inestable, el mismo barco que viera en el puerto. En ese momento el Dei Gratia estaba a unas 700 millas al oeste de Gibraltar. El Mary Celeste no iba rumbo a Europa, navegaba a media vela como si regresara de Italia.

Representación de la tripulación del Dei Gratia avistando al Mary Celeste abandonado a su suerteSe acercaron a él, su velamen tenía una extraña disposición. La vela mayor estaba medio caída sobre la proa. A sólo 400 metros de distancia hicieron las señales reglamentarias sin obtener ninguna respuesta. Se acercaron más y circunvalaron la majestuosa embarcación de dos palos, parecía que no había nadie. El capitán ordenó a tres hombres del Dei Gratia, Deveau, Wright y Johnson, que echaran una chalupa al agua y se dirigieran al Mary Celeste.

Desaparición de la tripulación
Representación del Mary Celeste tal y como partió del puerto de Nueva York en noviembre de 1872Cuando los marinos subieron a bordo constataron que efectivamente el Mary Celeste estaba deshabitado y navegaba con el timón a merced del viento. Durante una hora buscaron por todo el barco sin encontrar a nadie. Nada daba a entender que hubiera habido violencia. Sólo un detalle inquietante. La mesa estaba recién puesta, dispuesta para empezar a comer, con el té todavía humeante sobre ella, pero nadie había tocado la comida. También hallaron las ropas, los equipajes, incluso dinero y joyas de valor en sus respectivos cajones. Todo estaba en su lugar perfectamente guardado. Aunque había señales de que había pasado una tormenta, el Mary Celeste se encontraba en perfecto estado para atravesar el Atlántico.

David Reed Morehouse, capitán del Dei GratiaAparentemente no faltaba nada, pero buscando con más detalle se dieron cuenta de que había desaparecido la documentación de la carga, un bote salvavidas, un cronómetro y el sextante. ¿Qué les pudo hacer salir tan precipitadamente del Mary Celeste? Desde luego no iban a acobardarse ante una tormenta, por violenta que esta fuera allí estaban más seguros que en un bote, pero es que además todo estaba perfectamente en su sitio, sin indicios de que los vaivenes propios de un grave temporal hubiera hecho estragos en la nave y en sus enseres. No parecía tampoco que los tripulantes pudieran haber sido víctimas de una repentina plaga mortal, o bien secuestrados por “alguien” en medio del Atlántico.

El misterio del barco
Las bodegas del Mary Celeste se encontraban completamente cargadas con barriles de alcohol. Disponía, asimismo, de una buena cantidad de provisiones en comida y agua para toda la dotación del barco en su travesía hacia Europa. No transportaba carga peligrosa que pudiera provocar una explosión por sorpresa, tampoco había indicios de contrabando de armas, piedras preciosas o especies a bordo. El barco y la carga no habían sido saqueados por nadie, por lo tanto había que descartar un ataque pirata para hacerse con algún botín.

Albert G. Richardson, extraordinario marino y primer oficial del Mary CelesteSin embargo, la cabina del puente de mando presentaba un aspecto curioso e inquietante. Estaba completamente parapetada con maderas que habían sido clavadas en las ventanas y puertas como si hubieran querido hacerse fuertes ante la amenaza de un ataque, pero ¿de quién? En su interior se encontraba todo el equipo necesario para el gobierno de la embarcación. Incluso encontraron el diario de navegación en el que las últimas anotaciones correspondían al 25 de noviembre, es decir, diez días antes. Entonces el Mary Celeste se encontraba al norte de la isla de Santa María, en las Azores, a más de 400 millas al oeste de su actual situación.

Si el barco hubiera sido abandonado poco después de aquella fecha, habría navegado a la deriva, sin tripulación y sin gobierno, durante semana y media. Pero esta hipótesis no era plausible. El Mary Celeste, al ser descubierto, navegaba con las velas desplegadas (excepto la mayor) tomando el viento de estribor; concretamente, por la amura de estribor. El Dei Gratia había seguido desde las Azores un curso análogo, pero para ello le fue preciso navegar sobre la amura de babor.

Por tanto, resultaba inverosímil que el Mary Celeste pudiese haber llegado al punto en que se hallaba con sus vergas y velas dirigidas a estribor. Alguien tuvo que gobernar el barco, al menos varios días después de las últimas notas en el diario de navegación. ¿Quién pudo ser?

Investigando el misterio
Oliver Deveau, primer oficial del Dei GratiaEl contramaestre Oliver Deveau y dos marineros del Dei Gratia, Augustus Anderson y Charles Lund, fueron los encargados de tripular el Mary Celeste hasta Gibraltar, donde llegaron el 12 de diciembre. Allí les estaba esperando el oficial de la corte real Thomas J. Vecchio, que se hizo cargo del misterioso barco.

El Almirantazgo británico inició la investigación según las ordenanzas de las leyes marítimas internacionales, que fue llevada a cabo por Frederick Solly Flood, fiscal general de Gibraltar. La explicación que parecía más razonable en aquel momento fue dada oficialmente por las autoridades británicas. Posiblemente los marineros se entregaron al alcohol y, después de asesinar al capitán y a su familia, escaparon en el bote salvavidas. Pero esta versión no resultaba enteramente lógica. A bordo no se advertían indicios de lucha y, si la tripulación hubiese huido, algunos de sus miembros habrían aparecido más tarde.

Mary CelesteEl rescate del Mary Celeste estaba valorado en 80.000 dólares que debía pagar la prestigiosa compañía aseguradora Lloyd, de Londres, quien antes de abonar tal cantidad efectuó una exhaustiva investigación.

Tras barajar distintas hipótesis de toda índole, imaginable e inimaginable, pensaron que quizás los alimentos debieron perturbar el comportamiento de los tripulantes. Partieron de la base de que el pan de la despensa se hubiera mezclado con brotes de centeno, y tras infectar el alimento básico hubiera provocado un estado de locura colectiva en los navegantes. Estos en un rapto irracional de perturbación mental se arrojaron por la borda. Un hecho no tan absurdo como pueda parecer, ya que este motivo afectó a diversas dotaciones completas de tripulantes de embarcaciones en distintos mares, que acabaron tirándose al agua dando origen a casos de “barcos fantasma”. En el caso del Mary Celeste la ciencia médica y química del momento se encargó de demostrar que no fue este el motivo, ya que todos los alimentos se encontraban en perfectas condiciones de conservación. Entonces, ¿qué ocurrió realmente?

La maldición del Mary Celeste
Pasado este extraño incidente el barco no desapareció de los mares, sino que fue reacondicionado y volvió a navegar durante doce años más con la siniestra estela de “barco maldito”. La maldición, de hecho, había empezado mucho tiempo atrás, desde su construcción en 1860, cuando le pusieron por nombre Amazon. En 1861 fue botado rodeado de accidentes.

Su primer capitán, Robert Mc. Lellan, murió de repente a bordo. El segundo capitán, John Nutting Parker, encalló con el barco cerca del estado de Maine, destrozando el casco. Mientras lo reparaban el navío se incendió en los propios astilleros y Parker fue expulsado del cargo. Posteriormente, al efectuar su primera travesía por el Atlántico chocó contra otro bergantín y lo hundió en el estrecho de Dover, su oficial al mando fue igualmente expulsado. Con su siguiente capitán el barco volvió a América y encalló cerca de Cow Bay, en la isla de Cape Breton, en la región norteamericana de Nueva Inglaterra. Y así, sucesivamente, sus oficiales fueron perdiendo sus puestos al mando del bergantín. Los distintos propietarios del barco también fueron arruinándose y sufrieron accidentes inexplicables, hasta que lo compró el armador James H. Winchester que desmembró y transformó totalmente el Amazon, convirtiéndolo en el nuevo Mary Celeste.

El armador James H. WinchesterEntonces ocurrió el siniestro caso del Mary Celeste, comandado por el capitán B. S. Briggs, quien además era accionista propietario del mismo. Después de esto, James H. Winchester, vendió el barco, pero este siguió envuelto en una serie de accidentes y desgracias calamitosas, perdiendo marineros y sufriendo incendios misteriosos.

Lugar donde el capitán G. C. Parker encallara el Mary Celeste, en HaitíDespués del famoso caso el Mary Celeste cambió de manos hasta diecisiete veces y a todos los que ponían los pies en su cubierta les afectó la maldición de alguna manera.

El último patrón de la embarcación fue el capitán Gilman Parker, quien se encontraba literalmente poseído por el espíritu maléfico del barco. Para acabar con la maldición de este optó por su destrucción total. En aguas del Caribe, el capitán Parker emborrachó a toda su tripulación y después él mismo pilotó el barco directamente contra los peligrosos arrecifes de Haití, donde arrojó el “barco maldito”. El Mary Celeste explotó y encontró definitivamente la muerte en los abismos del océano Atlántico, escenario de sus aventuras, haciendo honor de esta forma a la leyenda que todavía le rodea.

Enviado por el 27 enero, 2014. Temática Misterios. Si así lo desea puede comentar o seguir cualquier opinión respecto al artículo a través de RSS 2.0. O dejar un trackback.
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