El verdadero Drácula de Transilvania

Drácula: para millones de personas, este nombre evoca al siniestro vampiro de la oscura y misteriosa región de Transilvania, el famoso personaje de ficción que era cadáver durante el día y asesino por la noche, y que ha producido escalofríos a generaciones de lectores y cinéfilos desde 1897, desde que apareció como el personaje protagonista de la gran novela de terror de Bram Stoker. Lo que poca gente sabe es que el nombre del inmortal personaje de Stoker fue tomado del Drácula auténtico que vivió en la Transilvania real muchos siglos antes.

Abraham "Bram" Stoker (8 noviembre 1847, Clontarf - 20 abril 1912, Londres), escritor irlandésEl verdadero Drácula nació en 1430 o 1431 en Sighișoara, una antigua ciudad de Transilvania. Era el segundo hijo de Vlad II, príncipe de Valaquia, y cuando finalmente sucedió a su padre lo hizo con el título de Vlad III, aunque más tarde fue conocido como Vlad Tepes o Vlad el Empalador. Su padre fue llamado Dracul, “el Diablo”, quizá porque era un guerrero temible, o posiblemente por ser miembro de una organización católica de caballeros denominada Orden del Dragón, pues en aquellos lugares el dragón era el símbolo del demonio. En cualquier caso, Vlad III se llamó a sí mismo Drácula, que significa “hijo de Dracul”.

Drácula fue un fiero guerrero, aunque a veces resultaba difícil saber de qué lado estaba en las interminables luchas que se producían entre los imperios de oriente y occidente, entre las distintas iglesias y culturas que destruían su país. Su lealtad tan pronto estaba con los turcos como con los húngaros, con la Iglesia Católica Romana como con la Ortodoxa, e incluso sirvió a la causa islámica cuando se alió con el imperio otomano. En el caos político de aquel tiempo y lugar, su poder nunca estaba seguro: en tres ocasiones gobernó y perdió Valaquia, un principado del sur de Rumanía que comprendía parte de Transilvania.

En 1448 Drácula ocupó por primera vez el trono de Valaquia apoyado por los turcos, después de que su padre y su hermano mayor hubieran sido asesinados por sicarios del gobernador de Hungría. Su padre había muerto apaleado y a su hermano Mircea le habían quemado los ojos con un hierro candente antes de enterrarlo todavía con vida. Temeroso de los turcos que le habían respaldado, pero solamente por unos meses, huyó, regresando al trono en 1456 esta vez con el apoyo húngaro.

Su espectacular reputación de crueldad comenzó a gestarse en los siguientes seis años, su período de reinado más largo. En los siglos XIV y XV la tortura y ejecución de los oponentes políticos eran frecuentes: se trataba de una época violenta, belicosa, cambiante, dominada por tiranos. Pero las atrocidades de Vlad -se dice que Iván el Terrible de Rusia las utilizaría posteriormente como modelo- fueron notables incluso en aquel tiempo.

Lo que horrorizaba a la gente no fue el número de asesinatos que cometió Vlad, sino su naturaleza sádica, que el pueblo aborrecía. Según un informe de aquella época, tendió una emboscada a un grupo de turcos con quienes había acordado un encuentro para firmar una tregua. En una acción equivalente a una declaración de guerra, los llevó a su capital, Tîrgoviște, donde los desnudó y empaló sobre estacas.

Sus víctimas no sólo se contaban entre el enemigo, sino también entre su propio pueblo -nobles y aldeanos- y algunos viajeros desafortunados. En una ocasión, acorraló y luego empaló a una serie de mercaderes que atravesaban su país de vacío, aparentemente por creer que eran espías; en un gesto democrático, empaló también a algunos de los conductores de sus carros. En otra ocasión, y por similares razones, convocó a unos cuatrocientos estudiantes extranjeros -la mayoría varones- que se encontraban en Valaquia para aprender su lengua y sus costumbres, los reunió en una sala y después hizo que incendiaran el edificio con ellos dentro.

Sus empalamientos típicos consistían en izar a la víctima sobre una estaca para que se le clavara por el recto. Pero Drácula añadió variaciones, de tal manera que hizo del empalamiento una especialidad, incluso una forma de arte sádico. Empalaba a la gente por delante, por la espalda o por un costado; a través del estómago, el pecho, el ombligo o la ingle. También empalaba a la gente cabeza abajo, e incluso con estacas no muy afiladas para prolongar la tortura.

Ingenió diversas formas de empalamiento para personas de diferentes edades, sexo y categoría, y hacía instalar las estacas siguiendo dibujos geométricos y a diferentes alturas. Se dice que empaló, por razones que se desconocen, a todos los habitantes de un pueblo en las laderas de una colina, haciendo círculos concéntricos, y que puso a las autoridades del mismo en la cima, desde donde pudieron disfrutar de una última mirada desde lo alto, su posición acostumbrada. Añadió ciertos refinamientos, introduciendo clavos por las cabezas, cortando miembros, narices, orejas y órganos sexuales, e hizo sus pinitos estrangulando, quemando, hirviendo en aceite y cegando. Parecía obtener un gran placer con sus locas hazañas, especialmente cuando las víctimas de los empalamientos -tal como dice un informe- “se retorcían y crispaban como ranas”. Cuando veía tales espectáculos, solía decir: “¡Oh, cuánta elegancia exhiben!”.

Xilografía de un panfleto alemán del año 1493 con el que se cree un retrato fidedigno de Vlad el EmpaladorGracias en parte al reciente invento de la imprenta, las historias de las atroces hazañas de Drácula se extendieron por toda Europa, no sólo durante su vida, sino también después de muerto. Fue tema favorito de los nuevos prospectos y panfletos que circulaban entre la clase literaria. Presagiando el tipo de portadas llamativas de las revistas que se verían en los quioscos cinco siglos largos más tarde, el titular de una publicación alemana anticipaba el regusto de horror que los lectores podrían encontrar en el interior: “La desagradable historia de un MONSTRUO y de un LOCO llamado Drácula, que cometió hazañas contra el Cristianismo tales como matar a hombres empalándolos, cortándolos en trozos como si fueran coles, hirviendo vivos a madres y niños, y obligando a la gente a cometer actos de canibalismo”. El placer del público ante estos macabros relatos garantizaba grandes ventas. Drácula se convirtió de este modo, quizá, en la primera auténtica celebridad creada por los medios de comunicación de masas.

A pesar de las fechorías que cometió en su patria, Vlad era y es en la tradición rumana una figura heroica que luchó contra los invasores. En otras partes, su reputación ha sido verdaderamente notable. Las publicaciones alemanas se centraban especialmente en sus actos más espeluznantes, ya que masacró sin piedad a transilvanos de extracción germana. Sin embargo, muchos de los detalles más espantosos de su conducta han sido confirmados por otras fuentes -relatos rusos, las memorias del papa Pío II (cuyo nuncio en Hungría conoció a Drácula) y baladas populares rumanas- que indican que los panfletos alemanes no pueden ser tachados de mera propaganda.

Una de las más famosas atrocidades cometida por Drácula y relatada en los panfletos tuvo lugar el 2 de abril de 1459 en la ciudad de Brasov, como resultado de una larga disputa con los comerciantes de la región. Al amanecer, sus tropas comenzaron a agrupar a los habitantes de la ciudad en una loma, donde se alzaba una capilla, en el extremo de la ciudad. Había al menos veinte mil personas entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Se quedaron horrorizados cuando vieron que los invasores quemaban sus hogares. Luego vino la tradicional sentencia de Drácula: el empalamiento. Al final de la jornada, la colina era un bosque de estacas y el suelo un río de sangre, ya que se cortó la cabeza a los que no fueron empalados.

Al parecer, durante la carnicería un noble local, un boyardo, se quejó del olor procedente de la sangre y los cadáveres. Ejerciendo su siniestro sentido del humor, Drácula ordenó que empalaran a ese hombre en una estaca más alta que las demás para que no le molestara el hedor. En cuanto a Drácula, no tenía este tipo de problema: los informes dicen que tomó una saludable comida en medio de los aldeanos muertos sin que su apetito se alterase lo más mínimo por la masacre que se estaba llevando a cabo por orden suya.

Soldados de Drácula cayendo sobre los nobles boyardos arrastrándolos al lugar donde van a encontrar la muerteNunca se acusaría a Drácula de mostrar favoritismos. En una ocasión convocó a los principales boyardos del país a su palacio para un gran banquete, posiblemente de Pascua, y les preguntó cuántos reinados diferentes habían visto. “Siete”, “veinte”, “treinta”, alardeaban los aristócratas. No se dieron cuenta de que quería vengar los brutales asesinatos de su padre y hermano, y que estaba intentando averiguar cuáles de los boyardos estaban presentes cuando ocurrieron las muertes. Finalmente, hizo empalar a quinientos de ellos cerca del palacio. Sin embargo, separó a los más jóvenes y fuertes para que fueran utilizados como esclavos en la construcción de un castillo.

En otra ocasión, Drácula invitó a su palacio a un grupo de gente, en su mayor parte pobres y ancianos. Les repartió ropas y les dio de cenar. Después, mientras sus huéspedes descansaban confiados, el anfitrión ordenó cerrar las puertas y prender fuego al palacio. “He hecho esto para que no haya más pobres en mi país y para que no sufran más en este mundo”, se dice que explicó Drácula.

Las mujeres constituían un blanco especial para él. Una historia muy conocida narra el encuentro de Drácula con un aldeano pobremente vestido. “Tu esposa seguramente es la clase de mujer que pierde el tiempo”, dijo el príncipe. “No es digna de vivir en mi reino”. Aunque el paisano protestó diciendo que estaba satisfecho, Drácula la hizo empalar y proporcionó una nueva pareja al viudo. Esposas infieles, mujeres jóvenes que perdían su virginidad y viudas impúdicas podían esperar los más duros castigos. Se les cortaban los órganos sexuales, después de lo cual eran desolladas vivas y exhibidas en público.

Una historia afirma que ni siquiera la mujer de Drácula se libró. Un día en que él estaba de un humor de perros, intentó animarle diciéndole que estaba embarazada. Drácula la acusó de mentirosa; para probarlo, sacó su espada y le abrió el vientre. El relato no indica si se demostró o no que estaba mintiendo.

La vanidad y el mal genio de Drácula salió a relucir de nuevo cuando el embajador del sultán de Turquía fue con su séquito a rendirle homenaje, pero no se quitaron los turbantes cuando se inclinaron ante él. Drácula quiso saber por qué le deshonraban de aquella forma. “Es la costumbre que observamos con los gobernantes de nuestro país”, replicaron. Diciendo que le gustaría consolidar esa costumbre, ordenó que les clavaran los turbantes a la cabeza con clavos.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas fueron empaladas, decapitadas, quemadas o muertas de cualquier otra forma, así como torturadas o tratadas brutalmente por Drácula. Un representante del Papa, el obispo de Erlau, que no tenía ninguna razón para exagerar, informó un año antes de la muerte del tirano que Drácula había autorizado la ejecución de 100.000 personas. Pero otros estudios indican que dicha estimación puede haberse quedado bastante corta.

Pintura naif sobre cristal donde Drácula aparece dispuesto a librar una heroica batalla contra los turcosDrácula perdió el trono cuando los boyardos le abandonaron en 1462, y pasó los siguientes doce años prisionero en una fortaleza de Hungría. Fue liberado para luchar contra el imperio otomano, y en 1476 ascendió de nuevo al trono de Valaquia. Unas pocas semanas más tarde libró su última batalla enfrentándose al ejército turco a las afueras de Bucarest.

Los informes sobre su muerte discrepan. Uno sugiere que fue asesinado por boyardos traidores. Otro afirma que, al verse separado de sus hombres y para evitar ser capturado, se disfrazó de turco. El plan se habría echado a perder cuando sus seguidores le mataron por error. El caso es que murió, y su cabeza fue llevada al sultán turco de Constantinopla. Allí, la cabeza de Vlad el Empalador, el verdadero Drácula, fue empalada a su vez en una estaca.

Enviado por el 26 noviembre, 2013. Temática Historia. Si así lo desea puede comentar o seguir cualquier opinión respecto al artículo a través de RSS 2.0. O dejar un trackback.
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Un comentario en El verdadero Drácula de Transilvania

  1. Un príncipe rumano que personifica al vampiro. En ocasiones la Historia pare unos personajes tan macabros como interesantes y este, sin duda, es uno de ellos.

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