Todos los días, a cada momento…

El primer contemporáneo que popularizó las técnicas médicas de la mente-sobre-cuerpo fue el francés Émile Coué, que inventó un método de curación denominado sugestión.

Émile Coué (1857-1926) fue un psicólogo y farmacólogo francésNacido en 1857, Coué descubrió los poderes curativos de la mente mientras estaba estudiando para ser farmacéutico. Recetó una medicina patentada a un paciente que padecía de “una enfermedad extremadamente refractaria”. El asombro de Coué fue grande cuando el hombre se recuperó rápidamente. Buscando la fuente de esta cura milagrosa, Coué comprobó la medicina que había administrado. Descubrió que era un compuesto inocuo, un placebo. Comprendió, de una vez, que la fe del paciente en el medicamento y en Coué fue la que produjo la curación.

A. A. Liébeault (1823-1904) fue un médico fundador de la Escuela de NancyCoué siguió estudiando con Ambroise-Auguste Liébeault, que usaba la hipnosis para curar una variada gama de dolencias, llegando a la conclusión de que el verdadero poder de curación estaba en el paciente y no en el hipnotizador, por lo que buscó una forma según la cual los pacientes atrajeran, por sí mismos, los propios poderes curativos. Finalmente, se centró en la autosugestión.

El sistema de Coué era la simplicidad personificada. Hacía pronunciar a los pacientes una misma frase varias veces al día, lo que podía ponerlos, de esta manera, en un positivo y saludable estado mental. Les dio a escoger algunas frases, la más popular: “Todos los días, a cada momento, me voy sintiendo mejor y mejor”. Creía que los mejores momentos para pronunciar estas palabras eran la mañana y la tarde-noche, cuando el inconsciente estaba especialmente receptivo a la sugestión.

Al ejercer su profesión durante la I Guerra Mundial, frente a la falta de medicamentos de la época, Coué aplicó su método notando que muchos de sus pacientes se recuperaban como si hubieran sido medicados de manera tradicional. “Verá como este remedio le hará sentir mejor”, sugestionaba Coué a sus pacientes, y mejoraban, aunque sus preparados no tuvieran ninguna eficacia en sí mismos. Frente a un dolor físico, les sugería repetir insistentemente: “Está pasando, ahora va a pasar”, y así no sólo se sentían mejor, sino que incluso se curaban por completo. “No soy un sanador, solamente enseño a la gente a curarse sola; las curaciones milagrosas que me atribuyen son obra de los enfermos”, explicó.

Con el tiempo perfeccionó su terapia y la autosugestión se puso rápidamente de moda en todo el mundo. Los pacientes de Coué proclamaban que sus frases les habían curado de todo, desde el asma hasta la apendicitis. Hacia 1926, año de la muerte de Coué, centenares de miles de personas se levantaban por la mañana y se iban a dormir por la noche, con sus alentadoras frases en los labios.

La autosugestión, que Coué define como la influencia de la imaginación sobre el ser moral y físico del hombre, es un proceso por el que una persona adiestra a su subconsciente para llegar a creer algo, generalmente llenando la mente con pensamientos repetitivos hasta que permanezcan en el subconsciente. “Si uno se persuade de que puede hacer cualquier cosa, siendo lógica, por difícil que sea, será posible hacerla. Pero si, al contrario, uno se imagina que no la puede hacer, le será imposible hacerla”, afirmaba Coué. Sin embargo, si uno piensa que no puede hacer algo y luego lo intenta, cuanto más lo intenta menos lo logra. Es el caso del insomnio: cuanto más uno se esfuerza en dormir, pensando en que no va a poder, menos posibilidades tendrá de conseguirlo. “La autosugestión es una fuerza totalmente distinta a la voluntad. Es la imaginación la primera de las facultades humanas”, sostenía el psicólogo.

“En un conflicto entre la imaginación y la voluntad, invariablemente vence la imaginación, sin excepción”. Cuando la voluntad trata de enfrentarse a la imaginación, la ley del esfuerzo invertido se manifiesta, haciendo que toda la fuerza de la voluntad aplicada en combatir a la imaginación se invierta favoreciendo justamente lo opuesto a la intención voluntaria, es decir, favoreciendo a la imaginación. Para demostrar esta afirmación Émile Coué argumentaba ejemplos cotidianos, como la dificultad para recordar un nombre: cuanto más esfuerzo voluntario pongamos en recordarlo, menos probabilidades tendremos de que venga a nuestra memoria, por la acción de nuestra voluntad; más tarde, cuando cansados dejemos de esforzarnos en recordarlo, lo más probable es que surja en nuestra mente de forma casi mágica. Lo que ha sucedido es simplemente que al no recordar inicialmente el nombre, ha ido tomando cuerpo en nuestra imaginación el hecho de haberlo olvidado y tal íntima certeza se ha ido reforzando más y más, cuanto más fracasaba nuestra voluntad.

Émile Coué, padre del pensamiento positivo e inventor del efecto placeboCoué también aseguraba que “la imaginación puede ser educada”. “Todos manejamos de un modo intuitivo en nuestras relaciones sociales, con mayor o menor éxito, mecanismos de sugestión, y por tanto también todos somos sugestionables en mayor o menor medida”. Utilizando la sugestión tratamos de lograr objetivos de los demás, en tanto la gente que nos rodea trata de hacer lo mismo con nosotros, y esto ocurre cada uno de los días de nuestra vida, y con toda la gente con quien nos relacionamos, incluso con nosotros mismos.

El dominio de uno mismo a través de la autosugestión conscienteLamentablemente, después de su muerte, su otrora exitoso método también se apagó poco a poco, comenzando incluso a ser criticado con acusaciones en mayor medida tildándolo de simplista. Pero en la actualidad ya nadie niega que sea nuestro cerebro el que administra las funciones físicas de nuestro cuerpo, desde la respiración al funcionamiento de distintos órganos, por lo que la idea de que nuestro inconsciente determina nuestro estado físico y mental no resulta descabellada. El método de Coué es, pues, sembrar una semilla en nuestro cerebro con el fin de que alcance el inconsciente implantando en él una idea de progreso y de mejora. Así, en un sencillo ejercicio, todas las mañanas al levantarnos y todas las noches al acostarnos, hay que cerrar los ojos y, sin esforzarse, concentrar la atención en lo que se está por decir. Habrá que pronunciar veinte veces la frase: “Todos los días, desde todo punto de vista, voy mejor y mejor”, tratando de apenas mover los labios, pero con una tonalidad bastante alta que permita escuchar nuestra propia voz, contando a la vez mecánicamente veinte nudos de una pequeña soga, como si fuera un rosario.

Todos tenemos un corazón, estómago, hígado, riñones, etcétera. Nadie puede actuar sobre esos órganos a través de su voluntad. No obstante funcionan, incluso durante la noche cuando nuestro consciente duerme. Y si funcionan, es que lo hacen bajo la influencia de una fuerza, la del inconsciente. No solamente este preside las funciones de esos órganos, sino también las de todas de nuestro cuerpo y de nuestro ser moral. Si es el inconsciente el que nos guía, y nosotros aprendemos a guiarlo, entonces, aprendemos a guiarnos a nosotros mismos. Si tenemos una pierna rota e imaginamos que la pierna vuelve a crecer, naturalmente no lo hará, porque eso es imposible. Pero si sentimos un dolor en cualquier zona del cuerpo, si tenemos órganos que no funcionan con normalidad, si nos desasosiegan el ánimo ideas tristes, e imaginamos que el dolor va a desaparecer, que nuestros órganos enfermos van a funcionar cada vez mejor y mejor, que nuestros pensamientos amargos van a marcharse para dar paso a propósitos alegres y prósperos, todo eso sucederá, porque es posible. “Quizá consideréis este remedio, que es el mismo para todo el mundo, demasiado fácil y sencillo, pero tened en cuenta, y ello es muy importante, que si pensáis que estáis enfermos, lo estaréis, pero que si, por el contrario, pensáis que os estáis curando, efectivamente, os curaréis. Y no será la esperanza, sino esta misma certidumbre la que hará que lo logréis”.

Enviado por el 15 agosto, 2014. Temática Salud. Si así lo desea puede comentar o seguir cualquier opinión respecto al artículo a través de RSS 2.0. O dejar un trackback.
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