Un Mundo de Yin y Yang

En Occidente, por norma general, la predicción no ha implicado voluntad y, por tanto, tampoco sentido moral. Se pronostica cierto destino inamovible, y no hay lugar para la elección que uno debe efectuar a fin de cumplir su augurio o minimizar sus errores.

Pero la adivinación a través del I Ching o Libro de los Cambios, tiene otro carácter. A la pregunta “¿Qué me acontecerá?”, añade “¿Qué debo hacer al respecto?”. Si la respuesta es posible, también debe serlo la elección moral. De este modo, la adivinación toma una carga ética y la predicción se convierte en filosofía.

Se podría decir que la diferencia entre el pensamiento occidental y el oriental explica la dimensión adicional del I Ching. En cierta medida, la mente occidental ha tendido a entender la creación como un acto acabado, fijo y estático. No se puede modificar el pasado, el presente ni el futuro. Lo que es, es. Será lo que tenga que ser.

Pero en el alma de la filosofía china tradicional, existe la concepción de un universo en flujo, un acto creativo continuado e infinito. Lo que es, se está produciendo. Lo que puede ser, podrá ser. El futuro no es un hecho sino un potencial, y cualquiera que quiera indagar en el destino, está obligado a encontrar el modo apropiado de moldearlo.

Placa de portal que en un tiempo se utilizó para alejar a los demoniosEl símbolo de este pensamiento centrado en la alteración de los potenciales se ilustra a la izquierda en una antigua placa de portal que en un tiempo se utilizó para alejar a los demonios. En el centro de un círculo con los ocho trigramas básicos del I Ching se observa el embrión dual de los aparentes contrarios del Yin y el Yang -luz y oscuridad, macho y hembra, tierra y cielo, cuerpo y espíritu-, en realidad complementarios, fases distintas de una unidad esencial. Cada una necesita de la otra, y como indican los círculos que hay en el interior de los embriones, cada cual alberga la semilla del otro. En lucha, aunque en armonía, las dos partes fluyen de un lado a otro en un imponente ritmo cósmico.

Como sistema moral, el I Ching muestra el camino para que el individuo se armonice con el ritmo. Contempla el destino como unas tendencias y posibilidades en continua mutación que rigen actitudes y acciones morales realizadas en provecho propio.

El Yang
Las profecías occidentales a menudo son sencillas. Las del I Ching, por el contrario, siempre son oblicuas. Se expresan en símbolos que, a su vez, se esconden detrás de parábolas. La tarea del consultante consiste en adaptar estas parábolas a las circunstancias de su propia vida.

La base de la adivinación en el I Ching la constituyen sesenta y cuatro hexagramasLa base de la adivinación en el I Ching la constituyen sesenta y cuatro verticales en columnas de seis líneas llamadas hexagramas. El principio del Yin-Yang que sostiene este sistema se expresa en los dos tipos de líneas que componen el hexagrama, la línea entera del Yang y la quebrada del Yin. El Yang denota cielo, luz, fuerza primordial, masculinidad, energía, agresión, fortaleza, espíritu.

Ch'ien, el CreadorLos hexagramas se leen de la base al extremo superior. Todos tienen números y nombres. El primero, que consta de seis líneas Yang (en la imagen), se llama Ch’ien, el Creador. Según la versión del I Ching de Richard Wilhelm y Cary F. Baynes, la presencia del Ch’ien en una lectura se interpreta de la siguiente forma: “Dragón oculto. No actuar. Dragón que aparece en escena. Fortalece al sujeto para ver al gran hombre. Durante todo el día el hombre superior es creativamente activo. Al crepúsculo, la mente todavía lo acosan las preocupaciones. Peligro. No hay culpabilidad. Vuelo oscilante sobre las profundidades. Dragón volador en los cielos. Dragón arrogante será motivo de arrepentimiento”.

En la tradición china, el dragón simboliza la fuerza dinámica. De ahí que la primera línea del hexagrama signifique un gran hombre que, a pesar de no ser reconocido en su plenitud por el mundo, permanece fiel a sí mismo. El éxito o el fracaso mundano no le afectan, y espera su tiempo. En la segunda línea, entra en su esfera destinada y comienza a distinguirse a sí mismo. Su gran influencia favorece su visión. La tercera línea muestra al hombre en el proceso de adquirir fama y autoridad. Su energía está en equilibrio con su estadio, pero en su desarrollo se observa el peligro siempre presente de que la ambición supere a la integridad. Debe ser muy precavido si quiere permanecer sin culpa. En la cuarta, el consultante llega a un punto de transición, en el que se impone la elección entre un papel destacado en el mundo o el retiro y la soledad necesarias para el propio desarrollo. El hombre alcanza la influencia universal y la esfera del propio cielo, en la quinta línea. El mero hecho de verlo constituye una bendición. Pero en la sexta y última línea, tan elevadas cimas han apartado al hombre de sus semejantes. Aprende que la ambición desmesurada puede conducir al fracaso.

El juicio oracular para aquel que recibe este hexagrama es: “Los trabajos del Creador subliman el éxito, se progresa a través de la perseverancia”. Significa que el consultante será depositario del triunfo de las profundidades del universo, siempre que persista en hacer el bien.

El Yin
Fiel al concepto de flujo eterno, las seis líneas yang del Ch’ien se transforman en el preciso momento en que aparecen. El hexagrama se metamorfosea en su opuesto complementario, K’un, el Receptor.

K'un, el ReceptorEl K’un, segundo hexagrama del I Ching, se compone de seis líneas Yin (en la imagen). El Yin representa el poder femenino primordial del universo (oscuridad, rendición, pasividad), el Receptor que completa al Creador. Los dos tienen la misma importancia, pero el Receptor es un poder benigno solamente cuando acepta la subordinación en la jerarquía cósmica. El Yang es celestial y espiritual, el Yin terrenal y sensual. Cada uno necesita al otro, pero solamente uno puede ser el principal.

El mensaje oracular del K’un es: “Cuando el suelo está escarchado, el hielo no anda lejos. Rectitud, cuadratura, grandeza. Sin propósito, incluso cuando nada parezca inalcanzable. Líneas ocultas. Capacidad de perseverancia. Si por azar uno se encuentra al servicio de un rey, no deben buscarse tareas, sino brindar conclusiones. Un saco desatado. Ni culpabilidad ni elogio. Una prenda interior amarilla, trae muy buena suerte. Los dragones vuelan en la pradera. Su sangre es negra y amarilla”.

La primera línea evoca la inevitabilidad de la muerte, pero también recuerda que la precaución oportuna impide la decadencia. Una metáfora geométrica de la tierra (cuadratura) y del principio creativo (rectitud) emerge en la segunda línea. Indica la infalible lógica de la creación, cuya grandeza reside en la capacidad de tolerar por igual a todas sus criaturas. La humanidad debería tomar ejemplo de la naturaleza. La tercera línea advierte que el hombre sabio tiene que rehuir la fama y ocultar sus talentos mientras adquieren madurez. La cuarta aconseja contención y soledad, para evitar que enemigos muy fuertes causen perjuicios. En la quinta línea, el amarillo simboliza la tierra y las cosas sinceras y dignas de confianza, mientras que la ropa interior indica una reserva noble. El mensaje dice que el auténtico refinamiento reside en la discreción y la contención. La sangre negra y amarilla de la última línea revela una discusión antinatural entre cielo y tierra, perjudicial para ambas partes.

El consejo del K’un es que la tarea de uno no es dirigir, sino alcanzar, como un subordinado. Aceptar el consejo y armonizarse con el propio destino, utilizando como guía el equilibrio y la simetría de la naturaleza.

Los detractores del I Ching arguyen que en sus crípticos hexagramas es posible leer prácticamente cualquier significado. Los defensores, sin embargo, sostienen que esta ambigüedad inherente es también su mayor poder.

Enviado por el 7 diciembre, 2013. Temática I Ching. Si así lo desea puede comentar o seguir cualquier opinión respecto al artículo a través de RSS 2.0. O dejar un trackback.
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